Relatos Dormidos

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Veneno

Y cada vez hacía más frío, sin embargo me bañaba en transpiración. Avanzaba de a poco de la cama al baño, procurando que no me baje la presión de repente, aunque sabía que era inevitable. Mi estómago hacía extraños ruidos, mi cabeza parecía a punto de estallar. Nuevamente había tenido esa pesadilla, esa que desde chico me persigue. La de asuntos pendientes, la de proyectos abandonados y desamores por mi culpa. Empujé la puerta hacia adentro pero no hice tiempo para encender la luz. Me abalancé a la taza del inodoro y vomité toda la basura. La enfermedad y el desperdicio. Mis vicios se fueron junto con restos de comidas y alcohol. Me bajó aún más la presión, mi vista se nubló y al instante me desmayé. Claro que no recuerdo el momento justo en que me desvanecí, pero sí las voces que oí mientras estaba tendido en el suelo. Las distinguí como si hubiera estado espiando un encuentro, una conversación detrás de la puerta. Era un secreto. Y cuando por fin empezaba lo mejor, desperté. Regresar es una sensación extraña y horrible. Darse cuenta de lo que había sucedido, buscarse algún dolor por el posible golpe… sssaaaangre tal vez. Y al volver en mí noté que debía limpiar y ordenar aquel desastre. Aquellas fichas de casino perdidas, los vodka bebidos en el bar. Tenía veneno en mi cuerpo y lo había lanzado de una buena vez. Pero para ese momento sufría unos 40 grados de fiebre. El suelo helaba y yo hervía. No podía ponerme de pie y sentía ganas de sentarme un rato en esa taza manchada de vómito. Claro que la quería limpia, pero no podía levantar ni un dedo. Aún así con la luz apagada pude observar la situación. Esperé un poco para recuperar de aire, oxígeno. Con la boca agria, sentía en mi estómago que alguien quería salir. Y si bien la naturaleza no dota de los hombres un niño en su vientre, parecía en este caso una excepción. Algo quería salir de allí. Un monstruo. Quizás más veneno. Algo se gestaba y tal vez no lo conocía todavía, como aquellas cosas que se descubren tarde de uno. Muy tarde. Me arrodillé y pude sostenerme de la puerta entreabierta. Quería sentarme para estabilizar la presión. Más pensaba y más confuso estaba. Al menos sabía dónde me encontraba.. pero las voces que había oído se me iban olvidando mientras pasaban los segundos, como los sueños al despertar. Entonces por un instante sólo me concentré en recordarlas, en mantenerlas en la frente sudada, en la cordura y lejos del delirio que tanto en tanto aparece a mi lado junto a esas figuras que desconozco. Esas pintas blancas que pasan de lado a lado como cometas. Cuando por fin pude retener bien aquel recuerdo de bocas parlantes de mi inconsciente caído al suelo, supe que no podía frenar más un segundo lo que estaba dentro de mí. Sin saber cómo, me vi sentado donde antes había derramado la porquería, despidiendo de mí la sobra más repugnante. Fueron años de acumular lo indeseable, de hacer lo incorrecto y volverme insano. De caminar por las calles sin el peso del remordimiento. Nunca tuve empatía, jamás sentí lo del pobre y de aquel que no tuvo las oportunidades que yo no supe valorar. Recordaba la fiebre y aumentaban las voces. Con los dientes manchados y los brazos salpicados, con fisuras en la mente, el remordimiento de no haberme cuidado los últimos años fueron apareciendo. Los fantasmas iban siendo visibles. Si bien en mi cabeza se iban acomodando las ideas, el cuerpo no me respondía como lo hubiese deseado. Me zumbaban los oídos. No oía más que ese chillido infernal. Mis brazos pesaban toneladas, y mis ojos lloraban mierda. Por suerte no pude observarme en el espejo, evité verme muy mal, seguro con los ojos hundidos y ojeras enormes, largas y oscuras, como las que siempre llevo cada vez que me enfermo.. o mejor dicho, cada vez que me curo de la enfermedad. Y por detrás, asomándose tras mis hombros, ese rostro que siempre me acompañó en las objetos espejos. Pensando que podría estar horas en ese lugar sin poder moverme y necesitar de los huecos despachos de sobrantes, quedé dormido nuevamente sentado esperando terminar de licuar. Soñé verme desde la ducha y desde el lavabo. Soñé luego estar durmiendo, limpio e higienizado tras aquella vergüenza de la madrugada. De la noche mejor dicho… aún estaba oscuro y se veía el reflejo de la luna tras la claraboya. Dormí no sé cuánto tiempo. Tiempo que no me alcanzó para entender y evitar así, que meses más tarde me viera en la misma situación, y luego otra vez, y otra vez luego, durante años. Los vicios se hicieron rutina, cosas comunes a mí. Soy vicio en vida, y cada tanto realizo un no vicio, algo saludable, como caminar 15 minutos por las veredas del barrio Sur. A veces me invitan a un partido de fútbol. Dos veces al año juego un torneo de ping pong. Ahora pierdo siempre en la primer ronda. Veo tres pelotitas al mismo tiempo. A veces ninguna. Soy gramos blancos, pasto en un papel, estimulante líquido en el paladar, apuestas de vida, estafas de Roca. Y los despido periódicamente para empezar nuevamente. Quizás llegue el día en que no pueda volcarlos fuera y lo contenga en mí, y eso me termine matando. Tal vez se aproxime el momento en que la liberación del veneno finalice por despedirme a mí mismo, me vomite y salga yo por mi propia boca, por mis poros. A lo mejor es cierto lo que me enseñaban de chico y que esas cosas eran perjudiciales. Que son calaveras. Espadas y serpientes. Debería intentar cambiar, antes que el próximo desagüe marque mi dejar de existir.
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Mayo 6, 2008 Publicado por relatosdormidos | Uncategorized | | No hay comentarios

El Color de la Cola

El color era el ideal, el verdadero, a luz de la pantalla del monitor se veía, y recordaba entonces aquellos tiempos. Aquellos lejanos momentos en los que consumía sin conciencia. Tomaba por inercia. De chico la probas y en tu cerebro se enciende el deseo de lo inevitable, la codicia de pretender que jamás se termine, de no compartirla, porque la necesitas, nunca es suficiente, tu cuerpo la quiere. Porque está entre nosotros, y es unos de los mejores desarrollos de toda la historia de los analgésicos psicológicos.
Algunos la bebemos como ritual. La dejamos enfriar hasta punto antes que se haga el primer hielito en su interior, y entonces sorbo a sorbo, como el amor, va penetrando y destruyendo la amargura, atrayendo el olvido, exigiéndote un suspiro para el siguiente trago.
Pero el lado oscuro comprueba que esconde un arma mortal.. descompagina el funcionamiento de los órganos naturales. Corrompe el equilibrio de tus alimentos, del agua. Más aún cuando no se consume fría, porque así actúa como ácido en el primer contacto… Maldito vendedor de basura, que se esconde tras una ventana de rejas, hechas a medida para que pase el cuerpo del vicio, figura de la necesidad caprichosa que nos enseñaron a venerar.
Es por eso el color. El color lo dice todo. Y el primer sorbo claro. Él te indica si vas a beber 2 litros de olvido o si inexeroblamente deberás soportar un inmediato malestar e ingrato momento por culpa de una nefasta distribución y venta del producto.
Así fue cómo poco a poco, teniendo edad suficiente para saberlo, pero sin querer reconocerlo, me vi atrapado entre el deseo y la compra, la vigilia y el vicio.
No alcanza que nuestros amigos de Goo que nos buscan páginas diariamente, la hayan superado en valor económico y financiero, no alcanza que se haya prohibido en un comienzo el ingreso a la provincia donde yo vivo, no es suficiente que papá y mamá nos digan ahora que no es buena. Siempre estará en mi inconsciente y en mi razón, siempre diré que es la más rica, y que quiero una, aún ahora, sabiendo que sé que el vendedor sabe que no la debo tomar.
No puedo salir. Y desearé y haré lo posible por evitar que mis hijos la prueben. Pero estoy convencido que es imposible.
Condenados al marketing y a la publicidad espantosa. Esclavos del sorbo exquisito y malogrado. Concientes de la inconsciente vida consumista y autodestrucción.
Porque los hombres perecerán y los edificios se derrumbarán, pero ella vivirá por siempre.

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Mayo 6, 2008 Publicado por relatosdormidos | Uncategorized | | No hay comentarios

Ciruja

Siempre tuve dudas del origen de un linyera. De sus nombres. ¿Quién sabe el nombre verdadero de uno?
Les tuve miedo de chiquito, como recita en una canción una banda de rock argentina.
Volviendo de la facultad me cruzo con ellos, y con los cartoneros, que se le parecen. A todos esquivo, a todos evito, pero ahí están, en la puerta de mi casa. Cruzando la calle que debo cruzar.
Revolviendo la basura y el recuerdo, y poco a poco me les voy pareciendo.
Sin trabajo y terminando la carrera que poca oferta laboral me trae.
Voy conociendo por las noches todos sus movimientos, sus preferencias, sus formas de moverse y observar, de observarme. De recoger, escoger y descartar lo que otro descartó con anticipación.
No sé qué fue pasando este año, si eran ellos los que me acosaban, o de lo contrario, era yo quien rozaba sus límites. Límites, bolsas, maderas, cartones, nylon, ramas secas, la cena.Y así sabiendo que me acercaba, que los imitaba, que de ellos aprendía, fui dejando los libros, la camisa, los zapatos, para verme un martes frío de invierno, delante de unas bolsas de basura buscando algo que comer… aún teniendo 20 pesos en mi bolsillo… revolví cáscaras de bananas, aparté papeles arrugados, y me comí un trozo de pan, y un poco de mostaza que creí distinguir.
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Mayo 6, 2008 Publicado por relatosdormidos | Uncategorized | | No hay comentarios

MSJ

El veneno circulaba por mi cabeza. Había perdido noción del tiempo, apenas si podría pensar en quién era. A veces sucede. Se me nubla la visión y sólo pienso en matar. Asesinar y vengarme de aquella vergüenza. El odio y rencor en mis dientes. Brotaba ese color rojo dentro mío. Apretaba mis puños. Sólo mi cuerpo sentía y veía lo que pasaba por dentro.
De repente oí un sonido agudo. Monofónico. Desagradable diría.
Otra vez un mensaje de texto al celular me salvó. Se desprendieron la sensaciones agrias, abrí el puño, volví en mí, en la cocina y en el día. Relajé el ceño, solté la mandíbula de esa prensa fortificada y la respiración se normalizó.
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Mayo 6, 2008 Publicado por relatosdormidos | Uncategorized | | No hay comentarios

Cementerio

No sé si a todos, pero a mi siempre me sucede. El colectivo que espero en la esquina se detiene una cuadra antes por el semáforo en rojo. No fue excepción ayer. Estuve esperándolo en el cruce de 9 de Julio y Mendoza. El colectivo se detuvo antes de llegar a mi lugar. Era aniversario de la muerte de mi abuela, así que decidí visitarla. No iba desde su funeral, y ya habían pasado más de 5 años.El colectivo amarillo tenía su cartel de CEMENTERIO en su frente.No éramos mucho hasta el momento. No más de diez pasajeros.Fue un largo viaje, media hora diría yo, deteniéndose muy seguido, a pesar que no veía subir demasiadas personas… y de reojo pude ver que éramos siempre los mismos los que permanecíamos sentados.Bajé a unos metros de la entrada principal del cementerio. Conmigo entró una pareja extraña de personas mayores. El hombre, si bien aparentaba en su rostro tener unos casi setenta años, mantenía corpulencia y altura. Por un instante creí que me dijeron algo al pasar por mi lado, pero supuse que lo habría imaginado Aunque la señora a los pocos pasos giró su cabeza por sobre su hombro y me miró de un modo muy peculiar. No era mi abuela muerta. No. Aunque haya sido, a esto no lo contaría, o mentiría, porque no sería original, y ya sabrían el final mucho antes de que pueda terminar de contarles.Ellos se detuvieron unas parcelas antes a la que yo me dirigía. Me incliné y me dibujé una cruz en el pecho. Cerré los ojos por un momento. Cerré los ojos y vi a mi abuela sentada a mi lado, tejiéndome un pulover, y contándome sobre su paseo por el centro de la ciudad, preguntándome a su vez cómo había rendido aquel examen en el que tanto había puesto empeño. Vi a mi abuela. La vi dándome un beso, ofreciéndome un café. Tocándome las manos frías de la calle…… de repente un olor nauseabundo me liberó del recuerdo y abrí los ojos… vi unas sombras a mi lado y me puse de pie de inmediato. Eran ellos, la pareja extraña que entró conmigo al cementerio. Me miraron sonriendo…Creo que sentí miedo, quizás fue eso lo que me dio escalofríos.El hombre robusto atinó en su intento, y me golpeó con su puño en la nariz. El dolor fue espantoso, y gracias a Dios no sucedió más nada, porque lo que fuera que podría haber sucedido sería repetitivo como algún cuento o película de terror y suspenso.Ahí nomás volví a abrir mis ojos, y el colectivo comenzó su marcha con el verde del semáforo.Claro que supe que había sido mi imaginación y no una premonición. Pero al acercarse el colectivo, no hice ninguna seña y dejé que siga su curso. Crucé la calle y regresé a mi casa. La visita al Cementerio puede esperar.
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Mayo 6, 2008 Publicado por relatosdormidos | Uncategorized | | No hay comentarios

Susurro


Temblaba del frió. Era 12 de junio, pleno invierno en Villa Constitución. Corría en el parque, entrenaba para un nuevo maratón. Al salir de mi casa, no había notado que la temperatura descendía a cada minuto. Estaba oscureciendo. En tan sólo un cuarto de hora casi no sentía mis dedos. Sólo un par de personas desfilaron a mi lado, y creo que no sentían lo que yo… mis mejillas estaban heladas, mis nudillos blancos…Intenté correr de prisa y terminar la vuelta al lago para volver a casa. A mi lado pasaban susurros, quizás de quienes hayan recorrido el lugar tiempo atrás. Palabras que quedan en el aire, que no llegan a oírse, pensamientos abortados de no hablar. Lo oye al azar quien decide no pensar en nada por un instante, quien por el hielo invisible en el aire enfría la mente. Oí también los camiones de carga transitar por la ruta ceracna. Comenzaban a asustarme los susurros, aunque suelo escucharlos seguidos. Pero eran cada vez más claros. Tanto que llegué a distinguir mi nombre. Tal vez me quisieron hablar, quizás el pensamiento del pensador era por mí. Acaso sabría que lograría escucharlo esa noche. Lo cierto fue que la temperatura descendió aún más al pasar bajo las copas de los árboles que hacían la pista como túnel, creyendome sumergir en un estanque de agua helada. Mis pies no me respondieron como hubiese deseado, y tropezaron frente a baldosas desordenadas, y una voz me dijo: - Regresa.
Sin pensarlo demasiado, a pesar que había recorrido más de la mitad de la vuelta, oyendo el ruido lejano de los camiones, percibiendo el olor fresco del pastizal de la vera del lago… sintiendo no sentir más mi cuerpo, giré en mí mismo, y corrí a casa más rápido que nunca.
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Mayo 6, 2008 Publicado por relatosdormidos | Uncategorized | | No hay comentarios

La culpa de Stephen

Y no es que quiera imitarlo, ni mucho menos ser otro frustrado escritor que intenta como último recurso, copiar y pegar fragmentos de los mejores párrafos de las últimas historias del genio mundial del terror.Pero antes de leer Celular, leyendo a Lisey, cosa que me llevó apenas tres noches, se fue instalando en mi cabeza de pocas ideas frescas, el presentimiento que algo me acechaba. Ese auspicio se convirtió rápidamente en algo cierto, visible.Era una sombra como la de un ratón la que se movía de un lado a otro, sin detenerse nunca. A veces trepaba las paredes y llegaba hasta el techo, para volver a bajar a gran velocidad… temía que se me acercara… quién sabe qué criatura puede resultar luego de leer a Stephen. Sus libros siempre traen problemas. La imaginación hace realidad tu pesadilla.
En la Historia de L. es un chaval larguirucho, a la vera del camino, escondido entre los árboles… haciéndose escuchar y ver y estremecer sólo cuando se ocultaba el sol. Si quieres llegar hasta el lago, mejor que lo intentes de día… Pero yo no tendría motivos de querer llegar al lago, (en el caso que tenga la facultad de trasladarme mágicamente a Boo `ya Moon) ya que no estaba herido, ni conocía allí a quien visitar, sólo estaba asustado. Sobresaltado de haber convertido mi habitación en la cueva de algo que sólo yo podía ver, de darle a los muros de las calles ese detalle de decorado ambulante. No llegaba a acostumbrarme, siempre me sorprendía en el mejor momento. Debía hacerme tratar o matar a King. Tal vez de esa manera se extinga su creación: El Miedo.Estaba instalado como un virus, un archivo en mis documentos permanentes de mi rincón, pensado como aquel amigo de Dreamcatcher.Los días comenzaron a hacerse muy largos.. y poder evitar echar un vistazo a cada momento los rincones del lugar donde estaba era imposible, pero no funcionaba así… porque si yo lo esperaba, eso no aparecía.Y hubo una noche en la que noté que el ratoncito había crecido. Era un poco más grande de los primeros días y comenzaban a oírse chillidos. Dientes rozarse entre sí. Pezuñas rasgar el piso de madera de mi habitación, la cal de las paredes… romper las ramitas de las enredaderas. La sombra había adquirido cuerpo, aunque no lo podía ver.. la sombra sólo tenía dos dimensiones.. y mis lágrimas tres.Únicamente dormir me hacía olvidarla… pero sosegarme era algo que me costaba demasiado.Al poco tiempo el olfato pasó a ser parte de la culpa, culpa del norteamericano, de poco a poco convertir la imaginación en la de un niño.Mi vida social se derrumbaba. Mis clases de tenis fueron canceladas. Confundía la sombra con la pelota, y mis pasos se hacían torpes al alejarme de lo que cada vez pasaba más cerca mío. Con ojeras fui al trabajo por unas semanas, sin afeitarme buscaba a mis pares para caminar por la costanera del río de la ciudad. La humedad no aplacaba mucho el frío. El encierro era inevitable, y su presencia un olor nauseabundo en la cocina. Dependía del sector de la casa para que un sentido se agudizara más que otro.Y fue así, cómo la sombra y aparente cuerpo se fueron haciendo cada vez más grande, y presente con más frecuencia. El hedor y miedo se fundían, las lágrimas llegaban al suelo, y su chillido superaban a mis auriculares con el punk rock. Decidí hacerme tratar. Sacaría turno al día siguiente, para cuanto antes. Ya no lo soportaba, no podía evitar llorar. La desesperación era muy fuerte, y pensar que sólo a mí quería molestar.. o matar. Quizás mi cuerpo usar por un instante.Pero el turno del médico jamás lo pude reservar.Creció. Más.Acostado sobre la cama, sin poder concentrarme en la radio de la mesa de luz, rezando por lo bajo implorando a mis muertos que ahuyenten a lo extraño, se fue expandiendo, tomando las paredes de rehenes, inundando como líquida luz la habitación de olor nauseabundo, absorbiendo mis sábanas la transpiración, el huésped hizo de mí una presa estéril, indefensa. La sombra sin cuerpo (esta vez sin cuerpo) terminó de crecer ocupando hasta el punto que siempre temí.
Hasta mí. Me ocupó y mi corazón se detuvo… y comencé a soñar, despierto y dormido..siendo pesadilla y sombra a la vez y para siempre.
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Mayo 5, 2008 Publicado por relatosdormidos | Uncategorized | | No hay comentarios