Veneno
El color era el ideal, el verdadero, a luz de la pantalla del monitor se veía, y recordaba entonces aquellos tiempos. Aquellos lejanos momentos en los que consumía sin conciencia. Tomaba por inercia. De chico la probas y en tu cerebro se enciende el deseo de lo inevitable, la codicia de pretender que jamás se termine, de no compartirla, porque la necesitas, nunca es suficiente, tu cuerpo la quiere. Porque está entre nosotros, y es unos de los mejores desarrollos de toda la historia de los analgésicos psicológicos.
Algunos la bebemos como ritual. La dejamos enfriar hasta punto antes que se haga el primer hielito en su interior, y entonces sorbo a sorbo, como el amor, va penetrando y destruyendo la amargura, atrayendo el olvido, exigiéndote un suspiro para el siguiente trago.
Pero el lado oscuro comprueba que esconde un arma mortal.. descompagina el funcionamiento de los órganos naturales. Corrompe el equilibrio de tus alimentos, del agua. Más aún cuando no se consume fría, porque así actúa como ácido en el primer contacto… Maldito vendedor de basura, que se esconde tras una ventana de rejas, hechas a medida para que pase el cuerpo del vicio, figura de la necesidad caprichosa que nos enseñaron a venerar.
Es por eso el color. El color lo dice todo. Y el primer sorbo claro. Él te indica si vas a beber 2 litros de olvido o si inexeroblamente deberás soportar un inmediato malestar e ingrato momento por culpa de una nefasta distribución y venta del producto.
Así fue cómo poco a poco, teniendo edad suficiente para saberlo, pero sin querer reconocerlo, me vi atrapado entre el deseo y la compra, la vigilia y el vicio.
No alcanza que nuestros amigos de Goo que nos buscan páginas diariamente, la hayan superado en valor económico y financiero, no alcanza que se haya prohibido en un comienzo el ingreso a la provincia donde yo vivo, no es suficiente que papá y mamá nos digan ahora que no es buena. Siempre estará en mi inconsciente y en mi razón, siempre diré que es la más rica, y que quiero una, aún ahora, sabiendo que sé que el vendedor sabe que no la debo tomar.
No puedo salir. Y desearé y haré lo posible por evitar que mis hijos la prueben. Pero estoy convencido que es imposible.
Condenados al marketing y a la publicidad espantosa. Esclavos del sorbo exquisito y malogrado. Concientes de la inconsciente vida consumista y autodestrucción.
Porque los hombres perecerán y los edificios se derrumbarán, pero ella vivirá por siempre.
Siempre tuve dudas del origen de un linyera. De sus nombres. ¿Quién sabe el nombre verdadero de uno?
Les tuve miedo de chiquito, como recita en una canción una banda de rock argentina.
Volviendo de la facultad me cruzo con ellos, y con los cartoneros, que se le parecen. A todos esquivo, a todos evito, pero ahí están, en la puerta de mi casa. Cruzando la calle que debo cruzar.
Revolviendo la basura y el recuerdo, y poco a poco me les voy pareciendo.
Sin trabajo y terminando la carrera que poca oferta laboral me trae. 
Voy conociendo por las noches todos sus movimientos, sus preferencias, sus formas de moverse y observar, de observarme. De recoger, escoger y descartar lo que otro descartó con anticipación.
No sé qué fue pasando este año, si eran ellos los que me acosaban, o de lo contrario, era yo quien rozaba sus límites. Límites, bolsas, maderas, cartones, nylon, ramas secas, la cena.Y así sabiendo que me acercaba, que los imitaba, que de ellos aprendía, fui dejando los libros, la camisa, los zapatos, para verme un martes frío de invierno, delante de unas bolsas de basura buscando algo que comer… aún teniendo 20 pesos en mi bolsillo… revolví cáscaras de bananas, aparté papeles arrugados, y me comí un trozo de pan, y un poco de mostaza que creí distinguir.
Relatos Dormidos
No sé si a todos, pero a mi siempre me sucede. El colectivo que espero en la esquina se detiene una cuadra antes por el semáforo en rojo. No fue excepción ayer. Estuve esperándolo en el cruce de 9 de Julio y Mendoza. El colectivo se detuvo antes de llegar a mi lugar. Era aniversario de la muerte de mi abuela, así que decidí visitarla. No iba desde su funeral, y ya habían pasado más de 5 años.El colectivo amarillo tenía su cartel de CEMENTERIO en su frente.No éramos mucho hasta el momento. No más de diez pasajeros.Fue un largo viaje, media hora diría yo, deteniéndose muy seguido, a pesar que no veía subir demasiadas personas… y de reojo pude ver que éramos siempre los mismos los que permanecíamos sentados.Bajé a unos metros de la entrada principal del cementerio. Conmigo entró una pareja extraña de personas mayores. El hombre, si bien aparentaba en su rostro tener unos casi setenta años, mantenía corpulencia y altura. Por un instante creí que me dijeron algo al pasar por mi lado, pero supuse que lo habría imaginado Aunque la señora a los pocos pasos giró su cabeza por sobre su hombro y me miró de un modo muy peculiar. No era mi abuela muerta. No. Aunque haya sido, a esto no lo contaría, o mentiría, porque no sería original, y ya sabrían el final mucho antes de que pueda terminar de contarles.Ellos se detuvieron unas parcelas antes a la que yo me dirigía. Me incliné y me dibujé una cruz en el pecho. Cerré los ojos por un momento. Cerré los ojos y vi a mi abuela sentada a mi lado, tejiéndome un pulover, y contándome sobre su paseo por el centro de la ciudad, preguntándome a su vez cómo había rendido aquel examen en el que tanto había puesto empeño. Vi a mi abuela. La vi dándome un beso, ofreciéndome un café. Tocándome las manos frías de la calle…… de repente un olor nauseabundo me liberó del recuerdo y abrí los ojos… vi unas sombras a mi lado y me puse de pie de inmediato. Eran ellos, la pareja extraña que entró conmigo al cementerio. Me miraron sonriendo…Creo que sentí miedo, quizás fue eso lo que me dio escalofríos.El hombre robusto atinó en su intento, y me golpeó con su puño en la nariz. El dolor fue espantoso, y gracias a Dios no sucedió más nada, porque lo que fuera que podría haber sucedido sería repetitivo como algún cuento o película de terror y suspenso.Ahí nomás volví a abrir mis ojos, y el colectivo comenzó su marcha con el verde del semáforo.Claro que supe que había sido mi imaginación y no una premonición. Pero al acercarse el colectivo, no hice ninguna seña y dejé que siga su curso. Crucé la calle y regresé a mi casa. La visita al Cementerio puede esperar.
RelatosDormidos

Temblaba del frió. Era 12 de junio, pleno invierno en Villa Constitución. Corría en el parque, entrenaba para un nuevo maratón. Al salir de mi casa, no había notado que la temperatura descendía a cada minuto. Estaba oscureciendo. En tan sólo un cuarto de hora casi no sentía mis dedos. Sólo un par de personas desfilaron a mi lado, y creo que no sentían lo que yo… mis mejillas estaban heladas, mis nudillos blancos…Intenté correr de prisa y terminar la vuelta al lago para volver a casa. A mi lado pasaban susurros, quizás de quienes hayan recorrido el lugar tiempo atrás. Palabras que quedan en el aire, que no llegan a oírse, pensamientos abortados de no hablar. Lo oye al azar quien decide no pensar en nada por un instante, quien por el hielo invisible en el aire enfría la mente. Oí también los camiones de carga transitar por la ruta ceracna. Comenzaban a asustarme los susurros, aunque suelo escucharlos seguidos. Pero eran cada vez más claros. Tanto que llegué a distinguir mi nombre. Tal vez me quisieron hablar, quizás el pensamiento del pensador era por mí. Acaso sabría que lograría escucharlo esa noche. Lo cierto fue que la temperatura descendió aún más al pasar bajo las copas de los árboles que hacían la pista como túnel, creyendome sumergir en un estanque de agua helada. Mis pies no me respondieron como hubiese deseado, y tropezaron frente a baldosas desordenadas, y una voz me dijo: - Regresa.
Sin pensarlo demasiado, a pesar que había recorrido más de la mitad de la vuelta, oyendo el ruido lejano de los camiones, percibiendo el olor fresco del pastizal de la vera del lago… sintiendo no sentir más mi cuerpo, giré en mí mismo, y corrí a casa más rápido que nunca.
Relatos Dormidos
…son relatos, pequeñas historias que suceden en el ensueño, en la vigilia, en la espera de aquel deseo o de la normalización de nuestras vidas…
… La Imaginación hace Realidad tu Pesadilla …